Opinión: “Los escuderos de la segregación”

En el último tiempo nos hemos encontrado con declaraciones cruzadas y confusas con respecto a la aplicación del ránking y otros mecanismos alternativos de ingreso universitario. En es sentido no quisiera quedar al margen y es más, veo como una obligación el pronunciarme.

En primer lugar, creo que a veces de tanto repetir consignas, se olvida el sustento detrás de ellas.

¿Por qué hablamos de educación gratuita? Lo hacemos Porque entendemos la educación como un derecho, claramente. Pero se olvida la otra arista de nuestra argumentación: Chile posee un sistema educativo altamente segregativo, que se sustenta en un esquema en que la construcción socio-económica de un establecimiento es fácil de confeccionar y responde totalmente a la voluntad de los dueños de las escuelas.

Lo anterior es simple de ejemplificar: una escuela cobra un determinado monto de dinero que sólo podrá pagar su público objetivo y así se asegura que los alumnos sean de determinado sector económico, no pudiendo haber una relación heterogénea de clases en la escuela.

¿Lo anterior es importante? ¿Deberíamos centrarnos en la meritocracia? En realidad son temas que se relacionan estrechamente. Los indicadores en ese sentido muestran que existe una correlación real entre desempeño académico y clase social. Lo anterior no es casualidad  sino que claramente el desempeño estudiantil encuentra como factores positivos,  el nivel de educación de los padres, la cantidad de libros que posean en su casa y otras variables asociadas. Es por ello que se debe analizar el “mérito académico” en términos de las injusticias de nuestro sistema.

No crean que dejé de lado la PSU, el instrumento segregador por excelencia: no es posible que los alumnos que asisten a los mejores colegios obtengan los mejores puntajes (como es avalado por los resultados) y de esa forma tu “elección” de establecimiento (que no es la libertad que se cree, al responder dicha elección a la variable de cuánto se puede pagar determine tu rendimiento.

En el ingreso a la universidad el indicador  por excelencia es la PSU, no sólo por sus ponderaciones en el ingreso a cada institución (o su existencia en, por ejemplo, el Aporte Fiscal Indirecto) sino que además este indicador  determina la entrega de becas en gran medida y seamos sinceros, sin becas, el endeudamiento consume.

¿Hay instrumentos para combatir estas injusticias? ¿Los alumnos y alumnas que no pudieron llegar a 500 puntos en la PSU (límite para postular a las Becas del MINEDUC), que fueron cerca de 300 establecimientos el 2012, no tienen las aptitudes para estudiar en la universidad? La respuesta, a diferencia de lo que han opinado algunas “autoridades” (pongo las comillas ya que el concepto de autoridad les queda grande cuando se trata de desprestigiar un trabajo serio desde una postura sin fundamentos), se encuentra estudiada y  documentada. Lo anterior encuentra validez en, por ejemplo, las retenciones y la tasa de titulación oportuna de los alumnos Top 10% (esto es pertenecientes al 10% mejor de su generación), y que pueden haber ingresado vía complementaria sin alcanzar los 500 puntos PSU,  versus sus compañeros no pertenecientes a él.

El mérito académico se ha reconocido en diversas esferas. Es así por ejemplo, que en Francia, desde la época de Napoleón, únicamente los estudiantes de mejor rendimiento en sus colegios son invitados a los cursos preparatorios de las grandes escuelas de ingeniería o también que en el estado de Texas y California, lo estudiantes del Top 10% y Top 4% respectivamente ingresan la educación superior sin examen SAT (PSU).

Al medir al estudiante en términos de su rendimiento en el establecimiento en el tiempo, se ayuda a acabar con el problema de depender de un instrumento segregador y entrenable como la PSU, pero en nuestro país conceptos tan “radicales” como el Top 10% entran de manera lenta y es a través de mecanismos anexos que estas ideas se pretenden levantar. Podemos nombrar el programa de Propedéutico, que llama a un ingreso complementario a la universidad a los mejores estudiantes de los establecimientos más vulnerables y que no puede4n obtener financiamiento al no superar la brecha de puntaje antes mencionada. En el mismo sentido anterior, nace el concepto del ránking, el cual se convierte una bonificación a los mejores estudiantes de los colegios (que como anteriormente se explicó, son los más meritorios y capaces a la hora de entrar a la universidad). Éste ránking se entiende en base a dos indicadores, el promedio de Notas del Establecimiento y el Promedio Máximo de las Notas del Establecimiento, los que se explican a través del siguiente gráfico:

  • Promedio de Notas del Establecimiento: Este valor corresponde al promedio de todos los estudiantes egresados de enseñanza media de un establecimiento educacional durante los años 2010, 2011 y 2012.
  • Promedio Máximo de las Notas del Establecimiento: Este valor corresponde al promedio de los promedios máximos de los años 2010, 2011 y 2012. Para calcularlo, se utiliza el  promedio más alto de los egresados en dichos años.

De esta forma, se puede observar tres segmentos de recta en la Figura 1:

 

 

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Figura 1

El primer segmento coincide con el segmento de recta del NEM para los valores que comienzan en una nota 4,00 y terminan en el promedio de notas del colegio. Dicho de otra manera, el Puntaje Ránking de todos los alumnos que tengan un promedio de notas inferior o igual al promedio de notas del colegio, será exactamente igual al puntaje NEM equivalente , el segundo se inicia en el promedio de notas del colegio, y se traza como una línea recta hasta alcanzar el punto que intersecta los 850 puntos con el promedio máximo de notas del colegio y en el tercero, una vez alcanzados los 850 puntos, la recta del Puntaje Ránking continúa en 850 puntos hasta llegar a la nota 7,0.

Como se dijo en un comienzo, la PSU distingue la formación entregada en cada colegio, que depende del cuánto se puede pagar y es allí la importancia del método del ránking, ya que busca una estandarización a la hora de medir los resultados académicos de los estudiantes y, si bien es cierto la aplicación del concepto de Ránking del CRUCH no responde a la aplicación del Ránking “puro”, es decir, tomando en consideración sólo las notas del establecimiento, la diferencia con éste es mínima (lo que se puede observar en el documento “El ránking de las notas: inclusión con excelencia” del Centro de Políticas Públicas de la PUC publicado este año) y ha contribuido en pos de mejorar los resultados predictivos y ayudar en la ponderación de los alumnos a la hora de ingresar  a la universidad, así como se puede apreciar en la Figura 2:

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Figura 2

Como se puede apreciar, un 75% de los alumnos de colegios municipales, que son los más afectados con la injusticia del sistema actual,  se ven beneficiados con el instrumento en cuanto al aumento de su puntaje obtenido con el Ránking en relación con su puntaje PSU. Además de lo anterior y en base a un estudio de la Cátedra de Inclusión a la Educación Superior Universitaria, se estimó a inicios del 2013, que el año anterior un 81% de los alumnos vio aumentado su puntaje de admisión universitaria con la inclusión del Ránking.

No queda más que preguntarse cuál es la motivación de desprestigiar este instrumento por parte de autoridades varias. ¿Servir a la segregación? Prefiero no pensarlo. ¿Desconocimiento? Me temo que podría ser la respuesta, aunque algo es claro: que algunos estudiantes se presten para salir en los medios mancillando los alcances de estas medidas es indignante, no sólo porque dejan de manifiesto su ignorancia respecto al tema sino porque dejan en evidencia una falta de compromiso social y fraternidad con sus pares menos privilegiados.

En el último tiempo hemos observado como los diversos personeros e incluso rectores se han manifestado en contra del aumento de la ponderación de Ránking, cuestionando metodologías, alcance, veracidad entre otras aristas, pero en el crisol de barbaridades nunca se ha vislumbrado un argumento certero.  Por  lo anterior, a través de este documento se trata de  sintetizar de forma rápida las muchas aristas de esta temática, encontrándola trabajada en extenso en otros medios. Si embargo, lo que más me incomoda y conlleva una profunda pena es ver el rechazo a la inclusión del Ránking como herramienta para el ingreso a la universidad, por parte de los mismos personeros que el  están llamados a ser los actores relevantes en el proceso de transformación de nuestra sociedad, transformándose estos, rectores, autoridades y estudiantes en escuderos de la segregación, quizás sin ni siquiera saberlo.